
Lucy no era más que piel y huesos cuando fue descubierta, un día de navidad, por un miembro del Centro de Tratamiento Animal de Katmandú, Nepal (KAT).
Divisada a las afueras del Palacio del Rey (un lugar común para dejar perros no deseados), Lucy estaba padeciendo terriblemente, tenía sarna y heridas abiertas.
La incomodidad causada por la enfermedad había hecho que ella se quitara el recubrimiento de su delgado cuerpecito, quedando indefensa ante el frío invernal.
Viendo la severidad de su condición, el personal de KAT se lanzó a la acción. Al poco tiempo, una ambulancia de la organización la llevó a una perrera calurosa del centro.

Lucy era una perra enferma y asustada. Cuando fue encontrada, había un collar alrededor de su delgado cuello, lo que hacía pensar que había sido abandonada por sus dueños.
Después de algunos cuidados y tratamientos en el centro de KAT, Lucy empezó a recuperarse e incluso a crecer. Está perdiendo su miedo a los humanos y exteriorizando la conducta juguetona de un perro joven saludable.
Lo más notable es que su pelaje volvió a crecer abundante y saludable.
Jan Slater, fundador de KAT, dijo: "es asombroso ver la diferencia que han marcado KAT y la WSPA. Gracias a la combinación de nuestros esfuerzos, los perros como Lucy tienen, de verdad, una segunda oportunidad de vivir."
Su apoyo incondicional permite que organizaciones como KAT puedan continuar su gran trabajo en beneficio de los perros sin hogar de diferentes partes del mundo.
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